El dialecto jónico dio lugar al ático, que es el elemento básico del
griego clásico. Era la lengua de Atenas y su zona circundante la Ática y se distinguía de otras variedades del jónico en su característica contracción de las vocales.
En función de la supremacía política y su papel predominante en el arte, la filosofía y el teatro en torno al siglo V a. C. el dialecto ático sustituyó a todos los demás y se convirtió en la lengua literaria. Su influencia fue aún mayor porque en él se expresaron los mejores intelectuales, sabios y escritores de la época, como los dramaturgos Esquilo, Eurípides y Sófocles, el orador Demóstenes, el filósofo Platón y los historiadores Tucídides y
Jenofonte.
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