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Historia |
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La lengua hebrea moderna pertenece a la rama semita de la familia afroasiática de lenguas. Durante el periodo bíblico fue el medio oral y literario de Israel, aunque hacia el 200 a. C. ya había sido suplantado por el arameo, si bien continuó usándose para la composición de escritos apócrifos y rabínicos durante la era cristiana. De alguna forma se mantuvo artificialmente en la Edad Media como lengua escrita entre las comunidades judías de Europa y sobre todo del Medio Oriente, donde fue sometida a una fuerte influencia de otras lenguas, particularmente la árabe en el léxico y la sintaxis, siendo el medio de una rica literatura religiosa y poética. En los siglos XIX y XX se produjo un avivamiento de la lengua asociado con el nombre de Eliezer ben Yehudá (1858-1922) quien trabajó para hacer una lengua hablada de una lengua literaria. La Declaración Balfour acordó en 1917 conceder un hogar a la comunidad judía y cuando fue fundado el Estado de Israel en 1948 ya la población judía de Palestina hablaba lo que se denominó hebreo palestino. Las autoridades judías adoptaron la política de establecer esa lengua como la oficial de la nueva nación, junto con la árabe para los palestinos árabes. Aunque tuvieron que adaptar y poner al día el antiguo lenguaje bíblico a las demandas intelectuales, sociales y políticas del moderno entorno, la nueva lengua no alteró fundamentalmente su estructura, lográndose la resurrección de una lengua muerta. Esto fue hecho con considerable eficiencia cuando se considera que para la mayoría de los inmigrantes el hebreo era una experiencia nueva. En los años previos había habido una lucha entre los partidarios de propagar la lengua como si fuera el hebreo bíblico y los que preferían modelarla según el modelo míshnico posterior. Mientras que las raíces sagradas históricas del hebreo continuarán forjando la panorámica de los israelitas sobre su lengua, el desarrollo de una dinámica interna asegurará su supervivencia como miembro independiente de la familia semítica, seleccionando elementos, sean eclécticos o arbitrarios, de los muchos estratos de sus orígenes históricos. La lengua hebrea supone un caso único entre las lenguas del mundo en el sentido de que habiendo estado en la oscuridad por unos 1.700 años -desde el 200 d. C. sólo sirvió para propósitos litúrgicos y rituales- ha vuelto a ser medio de comunicación para los judíos en la vida cotidiana. Hasta el siglo XIX, el hebreo convivió con lenguas vernáculas (arameo y árabe en Palestina) u otras derivaciones de lenguas judaicas como judeo-árabe, ladino (judeo-español) y yiddish (judeo-alemán). El término hebreo moderno se aplica a dos diferentes lapsos de tiempo que vienen tras los períodos del hebreo bíblico, míshnico y medieval y que significaron una especie de avivamiento lingüístico. En un sentido, el hebreo moderno comienza en el siglo XVIII, primero en Europa central y luego en Europa oriental, siendo sus principales innovadores los escritores e intelectuales judíos asociados con el movimiento Haskala (Ilustración) que abogaba por el uso del antiguo hebreo en la literatura. Su motivación era un renacimiento de la cultura judía, para lo cual favorecieron el antiguo hebreo clásico frente al yiddish. Ellos pusieron las bases para la creación de escuelas y prensa en lengua hebrea. En otro sentido, los antecedentes del hebreo moderno comienzan un siglo después del movimiento Haskala, con el movimiento sionista, en el siglo XIX. La motivación tras este avivamiento de la lengua era nacionalista, siendo el hebreo el punto de encuentro entre los distintos sectores de la población judía en Palestina: pioneros sionistas, devotos judíos y emigrantes procedentes de Europa y Oriente Medio. |
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Datos |
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Se estima que el 83 por ciento de los ciudadanos israelitas
son judíos, por lo que el número de hablantes de hebreo en Israel puede rondar
la cifra de 4 millones de personas. El aprendizaje de la lengua es obligatorio
para los nuevos inmigrantes. Muchos son bilingües con lenguas europeas, especialmente
inglés, o con árabe y la llegada hace unos años de los
falashas
etíopes ha introducido el amhárico y el tigriña en la escena.
El elemento
árabe en la población, ya sean musulmanes, cristianos o drusos, ronda el
millón de personas.
Es el medio oficial en la educación, legislación,
comunicación, literatura, prensa y otros medios en el Estado de Israel. |
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Dialectos |
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Debido a su pequeña extensión geográfica y a su reciente reaparición, el hebreo moderno no tiene variantes dialectales, habiendo no obstante una Academia de Lengua Hebrea. |
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Escritura |
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Gramática |
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Hay varios cambios que se han producido en el hebreo moderno; aunque el centralismo de la raíz triconsonántica y el valor primario semántico de las consonantes se ha mantenido, la distinción entre laringeales y enfáticas se ha abandonado. La calidad vocal ya no es distintivamente fonémica. El hebreo bíblico sigue proveyendo el sistema básico morfológico aunque con alguna pérdida como el imperativo, que es reemplazado ahora por el futuro. Igualmente el sistema de tiempos verbales bíblicos ha tenido que ser adaptado a las modernas necesidades y reemplazado por un nuevo sistema trilineal con un presente de indicativo formado por un pronombre y un participio presente. También se ha difundido la creación de diminutivos. El léxico tiene una gran deuda con el hebreo bíblico y míshnico, permitiendo la construcción de palabras según las necesidades. Hay numerosos préstamos árabes e ingleses. Se modula la pronunciación siguiendo las pautas de los judíos sefardíes de origen hispano que vivíann sobre todo en Turquía, Grecia y Bulgaria. Para adaptar la antigua lengua escrita a las necesidades de una lengua actual, se ha necesitado un gran número de neologismos, especialmente en la terminología científica; solamente el profesor Eliezer ben Yehuda, de origen lituano, acuñó cuatro mil a partir de las raíces que proceden del hebreo clásico. También han ejercido influencia en este hebreo moderno las lenguas nacionales que traen consigo los inmigrantes judíos, el yiddish y la lengua de los judíos del este europeo o asquenazíes. El hebreo moderno tiene dos géneros, masculino y femenino y tres números: singular, plural y dual, siendo usado éste para objetos que son pares. El masculino plural toma la terminación -im y el femenino plural -ot, aunque hay alguna excepción a la regla. El artículo definido es ha-. La numeración masculina del 1 al 10 es la siguiente: 'eh'ad, shnyim, shlosha, arba'a, h'amisha, shisha, shiv'a, shmona, tish'a, assara. La femenina es: ah'at, shtayim, shalosh, arba, h'amesh, shesh, sheva, shmone, tesha, esser. El artículo determinado es ha-.
Los verbos, como en otras lenguas semíticas, tiene una raíz
triliteral, aunque hay algunos que son biliterales y cuadriliterales.
Las formas básicas de los pronombres personales son:
Los pronombres demostrativos son ze (masculino),
zot (femenino), plural 'ele (común), siguiendo al nombre y tomando el artículo definido, como
ha.sefer ha.ze 'este libro'; ha.aniim ha.'ele 'ese
pueblo'. El interrogativo es
mi '¿quién?', ma '¿qué?'. El relativo es aer,
como ha.yeled aer diber ivrit 'el niño que habla hebreo'.
El orden de la palabra es sujeto, verbo y objeto. |
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