Jeroni Conques formó parte del pequeño grupo de personas que simpatizaron durante el siglo XVI con
la Reforma en la ciudad de Valencia (España). Pertenecía a una familia de
comerciantes y estudió gramática, retórica, lenguas, dialéctica, teología
escolástica, matemáticas, astronomía, cosmografía y medicina, todo ello en
la Universidad de Valencia. Era un hombre, por tanto, con una profunda sed de
conocimiento y que tuvo algunos de los mejores profesores de la época. Recibió
las órdenes menores y disfrutó de una prebenda en la catedral de Valencia.
Entabló amistad con Gaspar Centelles y con el sardo Sigismondo Arquer, quienes
habrían de morir a manos de la Inquisición. Conques se convirtió
en el intermediario de Centelles, retirado en Pedralba, al objeto de conseguirle
libros de autores erasmistas o reformistas que ya estaban puestos en el índice
de libros prohibidos. Precisamente su amistad con Centelles va a ser uno de los cargos que el fiscal va a añadir a las acusaciones de su proceso. Sabido es que
una de las obligaciones de todo católico era denunciar al Santo Oficio toda
sospecha sobre cualquier persona con indicios de herejía y entregar los libros
que pudieran estar contaminados con la misma.
No obstante, Conques tenía de por sí ideas erasmistas, como se aprecia en
la escena de un domingo de enero de 1556 cuando se encuentra en el coro de la
catedral al lado de un canónigo y cuatro maestros en teología que critican el sermón
porque el predicador no se ha ajustado al pasaje que correspondía a ese
día. Su respuesta es la siguiente: 'Válame Jesucristo, que se scandalizan Vuestras Reverencias
por haber predicado otro evangelio que hoy ha cantado la
Iglesia ¿y no os scandalizáis de las fábulas y cuentos que decís vosotros
cadaldía en el púlpito? Que un mesmo autor hizo el un evangelio y el otro, el
cual no es autor de vuestras predicaciones.'
Conques realizó una traducción al valenciano del libro de Job, lo cual
unido a sus opiniones peligrosas y amistades heréticas le va a suponer ser
sometido a proceso durante los años 1563-1564. Estuvo dieciocho meses en prisión y fue condenado a abjurar
de vehementi en un auto de fe 'descalzo, en
cuerpo, sin bonete, con una soga al pescuezo y una vela verde en la mano.' Tras
dos años de reclusión en el convento de los agustinos de Nuestra Señora del Soto,
haciendo penitencia y no leyendo más libros que su breviario y una Biblia y rezando cada
día las tres partes del rosario de Nuestra Señora o
sea ciento cincuenta avemarías y quince padrenuestros, fue puesto en
libertad, tras haberla solicitado, el 23 de septiembre de 1566.
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