
Hans Denck nació en Heybach, Baviera, y estudió en Ingolstadt,
donde recibió una educación humanística por la que se graduó en
latín,
griego y hebreo, y que haría de él uno de los dirigentes anabautistas mejor
preparados de la época. La suya fue una vida corta pero intensa, no exenta
de destierros y persecuciones a causa de sus convicciones religiosas. En 1525 lo
hallamos como director de la escuela de San Sebaldo, en la ciudad de Nuremberg,
donde había ejercido por dos años dicho cargo. En ese tiempo Denck formaba parte
del círculo de humanistas de la ciudad, sin embargo sus críticas opiniones sobre
la reforma luterana provocaron la alarma de sus colegas quienes primeros le
destituyeron y luego le expulsaron de la ciudad. Las opiniones de Denck se
aproximaban mucho a las de los anabautistas suizos que por ese tiempo habían
roto las relaciones con Zwinglio.
En junio de 1525 llegó a St. Gall, pero su estadía en esta
ciudad fue breve y tormentosa al ser tildado por Joachin von Watt y Johannes
Kessler como hereje al darles la impresión de que Denck enseñaba el
universalismo, esto es, la creencia de que todos los seres humanos finalmente
serán salvos. Tras salir de St. Gall se asentó en Augsburgo para enseñar griego
y latín. Allí conoció a Sebastian Franck y Casper Schwenckfeld, siendo
precisamente en esta ciudad donde recibió el bautismo de manos de
Balthasar Hubmaier, ingresando de esta manera de forma inequívoca en el
movimiento anabautista.
Tras viajar por varias ciudades, entre ellas Estrasburgo donde
conoció a Ludwig Hetzer, y Landau; en febrero de 1527 lo encontramos en Worms,
la ciudad en la que Lutero seis años antes había comparecido ante el Emperador.
En esa ciudad ya había una congregación anabautista a la que Denck se unió y con
la ayuda de Ludwig Hetzer, quien apareció por Worms en ese tiempo, trabajó en la
traducción de los profetas del Antiguo Testamento. Hetzer era un erudito en la
lengua hebrea y ya había traducido, junto con Denck, mientras estaban en
Estrasburgo el libro del profeta Isaías. Ahora en Worms y en el lapso de dos
meses habían realizado una excelente traducción al
alemán de los libros
proféticos. La popularidad que alcanzó la traducción fue tal que en el espacio
de dos años se hicieron diez reimpresiones.
Tras dejar Worms marchó a Basilea donde moriría como
consecuencia
de una epidemia.
Grandes Traductores
Presentación
Lenguas de España
Lenguas del Mundo Colaboradores de Proel
Alfabetos de ayer y de hoy
Grandes Traductores
Qumrán
Cursos
Proyectos Artículos-Materiales
Enlaces Reconocimientos Webmaster