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Fray Luis de Granada, como tantos otros personajes, quiso que el nombre de la ciudad que le viera nacer quedara para siempre ligado a su propio nombre y en dicha ciudad, ya con fama de elocuente predicador, estuvo durante varios años en el convento de Santa Cruz. También fue prior del convento de Scala-Coeli en la serranía de Córdoba. Luis de Granada ingresó en la orden dominica a los 20 años de edad, siendo alumno de algunos de los mejores profesores de teología de su tiempo, como Melchor Cano y Bartolomé de Carranza. Precisamente con éste último le unirá una gran amistad e identificación y tal vez esto sea un factor a la hora de entender los problemas por los que fray Luis habrá de pasar por causa de la Inquisición, dado que Carranza, primado de España, será implacablemente perseguido por el Santo Oficio. Además, hay en sus obras un indudable sabor erasmista que le ponía bajo sospecha de herejía. Nótese, al efecto, el siguiente pasaje: |
"Aquella ley mandaba al hombre ser bueno, y no le
daba, cuanto era de su parte, fuerzas para serlo; mas ésta manda que sea
bueno, y date gracia para ello, y por eso se llama ley de Gracia. Aquélla
mandaba pelear, y no daba armas para la pelea; mandaba subir al cielo, y no daba
escalera para ello; mandaba a los hombres ser espirituales, y no daba el
Espíritu Sancto para que lo fuesen. Agora es de otra manera, porque ya cesó
aquel estado y sucedió este otro tan diferente por los méritos y por la sangre
de Cristo."
O este otro:
"La gracia es la mayor dádiva de cuantas Dios
puede dar a una pura criatura en esta vida; porque no es otra cosa sino una
forma sobrenatural que hace al hombre, si decir se puede, pariente de Dios, que
es consorte y participante de la naturaleza divina."
Hacia 1547 escribió su notable obra Guía de pecadores, en la que fray Luis recoge un tratado escrito nada menos que por Savonarola, y también una recopilación del Nuevo Testamento, en el que están el Sermón del Monte, tres capítulos del evangelio de Juan y una paráfrasis de las cartas de Pablo, y todo ello en lengua castellana.
Otra gran influencia en fray Luis fue el místico Juan de Ávila, cosa que no hizo sino aumentar las sospechas de la Inquisición contra él. De hecho, fray Luis hubo de marcharse a Portugal seguramente para sustraerse a los manejos inquisitoriales que le habían puesto en la diana. Sus últimos años fueron de intenso sufrimiento, aumentado por el escándalo que se produjo con el denominado Suceso de la monja de Portugal, en el que fray Luis salió como cándido defensor de una monja iluminada, de la cual después se descubrió que todo era superchería y fraude.
En la tierra de su exilio murió a los 84 años de edad.
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