Los años 1660 al 1781 fueron un oscuro periodo para los protestantes
húngaros, pues la libertad obtenida por hombres como Bocskai, Bethlen y
György Rákóczi se perdió.
Especialmente duros fueron los años 1671-81, denominados la "década
dolorosa", cuando el gobierno austriaco bajo fuerte influencia de los
jesuitas, tomó el control de la nación húngara. Por esta razón las Biblias,
que en 1657 la familia Rákóczi imprimió en Hungría misma, tuvieron que ser
impresas en el extranjero.
El
pastor de Debrecen, György Csipkés Komáromi, un
excelente erudito en hebreo, se propuso hacer una nueva traducción de la Biblia
al húngaro, traducción que fue aprobada por varios sínodos en 1681. Las
Biblias, impresas en Leiden en 1718 a un alto precio, y en número de 4.000
llegaron a la frontera; sin embargo no pasaron de allí pues los jesuitas, que
se habían asegurado una orden del rey, las requisaron llevándoselas a su sede
en Kassa. Los ciudadanos de Debrecen y el Consejo de la ciudad emplearon todos
los medios para recuperar los libros, recibiendo un edicto real de Carlos III
(29 de junio de 1723) otorgándoles las Biblias. No obstante, ni siquiera con tal
edicto pudieron recuperarlas pues el obispo de Eger, Count F.
Barkóczy, se llevó las Biblias de Komáromi a su palacio donde fueron puestas
en húmedas estancias hasta el 1 de noviembre de 1754, día en que las quemó
ante una gran concurrencia en el patio de su palacio.
De
la traducción de Komáromi sólo
se salvaron unos pocos ejemplares retenidos en Varsó, escondidos en la casa del
embajador prusiano y traídos a Debrecen en 1789.
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