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Historia |
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La primera mención histórica a los pueblos urálicos está
en Tácito quien hacia el año 98 d. C. en su obra Germania habla de
los fineses que habitaban una región al norte de Germania. La primera
mención registrada de las similitudes lingüísticas entre las lenguas
urálicas se atribuye al terrateniente noruego Uthere, quien describió
los parecidos entre lapón y karelio hacia el 890 d. C. Los pueblos
samoyedos son mencionados por primera vez en la Crónica de Nestor
(c. 1113); los samoyedos occidentales o europeos cayeron bajo el dominio
ruso durante el siglo XII mientras que los orientales o asiáticos
permanecieron fuera del control ruso hasta le siglo XIV, no habiendo un
reconocimiento de la relación entre las lenguas samoyedas y las
saámicas hasta principios del siglo XVIII.
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Dialectos |
La lengua más divergente de la familia es la yucaguira, hablada por unos cientos de personas en el nordeste asiático, dividiéndose la rama urálica en dos sub-ramas bien definidas: la samoyeda, situada a ambos lados de los Urales, compuesta por cuatro lenguas y unos 30.000 hablantes y la ugro-finesa, con 19 lenguas y unos 22 millones de hablantes. A su vez la rama ugro-finesa se compone del grupo ugrio, formado por el húngaro, isla urálica en el centro de Europa, y dos lenguas habladas más allá de los Urales, la janti y la mansi; el otro grupo que forma la rama ugro-finesa es el saámico, hablado mayormente en la región del Báltico (Finlandia, Estonia y Escandinavia septentrional). Las lenguas mejor conocidas de este grupo son la finesa, estonia y varias lenguas sami o laponas.
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Escritura |
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Gramática |
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Algunos lingüistas creen que hay suficiente
evidencia para relacionar esta familia con la indoeuropea; por supuesto
los hablantes urálicos estuvieron desde tiempos antiguos en contacto con
hablantes indoeuropeos y ha habido un constante préstamo lingüístico
de lenguas bálticas, iranias, eslavas y germánicas. De hecho, los
préstamos fineses desde el alemán han sido citados como preservadores de
ciertas características arcaicas germánicas. Aunque la relación
genética no puede ser establecida entre el indoeuropeo y el urálico en
este momento, ciertas similitudes se deben a las relaciones que han
cruzado los límites entre ambas familias.
Según Janhunen el proto-urálico era una lengua aglutinante con el
orden de la frase en sujeto, complemento y verbo, dos casos gramaticales
(acusativo
y genitivo) y tres casos locales (dativo, locativo y ablativo), en contraste con las
modernas lenguas urálicas como el finés que tiene quince
casos o el húngaro que tiene veintitrés. Tipológicamente hay algunas características interesantes
en las
lenguas urálicas; en estonio hay un triple contraste cuantitativo entre
vocales y consonantes, teniendo vocales y consonantes cortas, largas y
extra largas; también en algunas lenguas urálicas, pero no en todas,
se da el fenómeno de gradación consonántica, que se produce delante de
una vocal de una sílaba cerrada, de forma que las oclusivas largas se
convierten en cortas y las cortas en sonoras. También la mayor parte de las lenguas urálicas muestran armonía
vocal, la cual tiene un doble sentido: parcial, cuando sólo algunas
características del segmento vocal armonizan o coinciden por toda la
palabra o morfema y total, cuando se copian todas las características vocales. |
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