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Bonifaci Ferrer, estudió primero en Perusa y luego en la Universidad de Lérida. Casado con Jaumeta Despont tuvo once hijos. Ejerció diversas funciones oficiales como representante del municipio de Valencia, además de ser embajador del Reino en ciertas misiones delicadas. Precisamente, ésta fue una de las causas que motivaron su encarcelamiento por una denuncia que más tarde no pudo ser probada. Como consecuencia de este desengaño, de la muerte de su esposa y de nueve de sus hijos y de la influencia de su hermano Vicente, ingresó en el convento cartujo de Porta Coeli, junto a Valencia. Vivió de cerca los acontecimientos del "Cisma de Occidente", pues tuvo estrechas relaciones con Benedicto XIII, el famoso "Papa Luna". |
Ferrer fue el primer traductor de la Biblia al
valenciano. Con la ayuda de algunos frailes hizo su trabajo de traducción a partir de la Vulgata latina.
Esta Biblia fue impresa por Mossén Alfonso Fernández de Córdoba, castellano,
y Mossén Lambert Palmart, alemán, en viejo tipo romano, desde febrero de 1477
a marzo de 1478 y a expensas del mercader Felipe Vizlant, alemán, hermano de
Jacobo Vizlant, quien introdujo la imprenta en Valencia y murió en 1485. Ya
había sido impreso en el mismo idioma el Psalterium "en nombre de nuestro
Senyor y de la humilde Verge María, mare sua."
Esta
Biblia "fue arromansada de lengua latina en la nuestra valenciana, en el
convento (Cartuja) de Porta Coeli, por el Rev. Micer Bonifacio Ferrer (hermano
de Vicente), con otros singulares hombres de ciencia". Este es el testimonio
del P. J.B. Civera en su historia del Monasterio de Porta Coeli (año 1630): "Llegaron
a mis manos quatro hojas de papel de marca mayor, que me envió un clérigo de
Valencia, diziendo las avia hallado entre otros papeles viejos en el archivo de
la Seu, y eran las últimas de una Biblia escrita en lengua valenciana, vertida
de la latina por el dicho P. D. Bonifacio, y impresa en Valencia el año de
1478. Espantóme mucho quando tal vi, porque nadie de quantos del trataron (y
fueron muchos), semejante cosa avia dicho por no aver llegado a su noticia, y
por ser eso cosa tan nueva como ya dixe, me ha parecido encaxar aquí la última
hoja, porque en ella se verá la llaneza del lenguaje valenciano de aquel
tiempo, la propiedad de la versión y la verdad de que hizo esta obra, estando
de espacio en esta nuestra casa."
El manuscrito de Ferrer va a la imprenta, que hace pocos años ha sido inventada por Gutenberg, en febrero de 1477;
un año después saldría a la luz.
Desgraciadamente el año 1478 no era el mejor momento, en los territorios de Fernando e Isabel, para publicar una Biblia en una lengua vernácula, porque ése es precisamente el año en el que los Reyes Católicos consiguen que el papa Sixto IV acceda a su petición de crear lo que será uno de los medios más poderosos de unificación política y religiosa jamás instituidos: la Inquisición.

Aunque los decretos del Concilio de Tolosa (1229)
prohibían la lectura de la Biblia en lenguas vernáculas, el hecho
de haberse
traducido e impreso en valenciano, demuestra que en la región valenciana no
estaban en vigor esos decretos ni las constituciones dictadas por Jaime I de
Aragón. La prohibición tercera de Tarragona (1233) no tenía allí eficacia.
Según ciertos autores, la Inquisición vedó al pueblo esta Biblia bajo el
siguiente pretexto: "Porque algunos de los judíos que quedaron en España,
después de expulsos de estos Reinos ciento y veinte mil, tomaban de estas Biblias
sus actos y ceremonias y el modo de ofrecer sacrificios. Por esta causa, de tal
suerte se prohibió la lectura de esta versión, que a los que no
tuviesen raza
ninguna de judíos les era permitido leerla, a los demás, no."
Según el que fuera bibliotecario de la Universidad
valenciana, Sr. Torres Belda, en un primer edicto de los inquisidores, fechado
en Ávila, el 7 de noviembre de 1497, dirigido a los valencianos, se dice que: "Hay
muchas personas en estos dichos reinos que tienen libros escritos en hebrayco,
que tocan y son de la ley de los judíos, e de medicina y de otras
ciencias e artes casi brujas en romance, de lo cual se esperan seguir e siguen
daños." Ordena la recogida de los libros en hebreo y las Biblias,
conminados con excomunión mayor y perdición de todos bienes a los que
teniéndolos en su poder no los presentasen a los inquisidores de Valencia para
que los mandasen quemar públicamente.
Otro edicto fue publicado por el inquisidor del reino de
Valencia, Juan de Monasterio, canónigo de Burgos, en 10 de marzo de 1498:
"Algunos
atentaron y han atentado de verter la Sagrada Escritura en plano, y en nuestra
lengua moderna, alterándola en muchos vocablos y términos que no tienen exacta
equivalencia en romance. Dispone la recogida de los libros hebraicos y de todas
las Biblias y salterios que están vertidos a lengua moderna, como igualmente
los moriscos."
Esta disposición provocó en Valencia tal protesta, que
el 20 de marzo, el propio inquisidor suspendió su aplicación a instancia de
los vicarios generales. Las quejas recibidas por el Nuncio fueron elevadas a los
inquisidores generales, que hicieron suspender también la ejecución; pero
sometieron a una Junta de doctores el examen de los libros y los que tuviesen
por buenos se entreguen a sus dueños y los sospechosos los quemen sin más
dilación.
La Biblia de Ferrer, pues, va a encontrarse, nada más nacer, con una máquina pensada para triturar toda disidencia en el campo religioso, de manera que va a ser una de las primeras víctimas que sufrirá sus tempranos rigores: la edición entera es requisada. Se trata de todo un precedente de lo que más tarde ocurrirá a mayor escala. A pesar de todo, de un ejemplar que se salvó, se conserva en París el salterio y los evangelios en el
"Codex del Palau".
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